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El único articulista interesante
Me acabo de enterar que hoy se murió Javier Ortiz, el único articulista al que seguía más o menos regularmente. Hace años, cuando escribía en El Mundo, empecé a leerlo. Sus columnas estaban impecablemente escritas, eran críticas y mordaces contra los tópicos (cuántas veces tendremos que leer que era “un peridista de raza”), los fallos lingüísticos, la vacuidad de la clase política, el interés empresarial de los medios.
Con la llegada de Público, dejó El Mundo -donde a todo el mundo, valga el juego de palabras, le extrañaba que hubiese permanecido tanto tiempo- y pasó a escribir sus columnas en el nuevo diario. La reforma de su web permitía leer sus escritos para Público -El dedo en la llaga, se llamaba su columna, haciendo mención a su espíritu crítico y certero-y comentarios personales, donde últimamente había informado dela gravedad de su estado y donde ha querido rematar con su propia necrológica, en una muestra de genuino humor negro. De hecho, la manera de rematarlo, dando un carácter de lo más prosaico a la muerte, es otro ejemplo de alguien que sabía cuál era su lugar en el mundo: “En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo“.
Como él mismo dejó escrito varias veces, los lectores de medios de comunicación eligen aquellos con los que más congenian ideológicamente. Yo no recuerdo haber leído ni un sólo escrito suyo que me llevara a pensar que se equivocaba (aunque sí he pensado “otra vez con la ETA”, lo confieso), ni que su razonamiento estaba mal llevado o cogido con pinzas. Seguro que también escribirán en los próximos días que su obra “debería ser estudiada en las Facultades de Periodismo”, y seguro que se retorcerá en su tumba con risa despectiva y sorna, mientras se lo comen los gusanos.
Ahora no me queda ninguno que leer; al menos, ninguno que me interese.